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TRAZO QUINTO
El ciudadano pierde el poder:
nace la “partitocracia”
Resumen:
El sistema actual de gobierno en España es la partidocracia, el poder en manos de los partidos políticos. Es lo que se llama "democracia de baja calidad", donde el ciudadano deja de ser representado por sus dirigentes.
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R e f l e x i ó n
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En la democracia española, en el mismo instante de nuestro nacimiento nos es entregado “un poder” muy especial, el poder de -El Voto-. No importa quién seas ni cómo seas, no importa lo que cobras, no importa si eres buena o mala persona… tienes un poder personal e intransferible: -El Voto-
Pero… ¿qué es realmente “El Voto”?
Las sociedades actuales son extremadamente complejas, por eso hay una serie de órganos muy especializados que se dedican única y exclusivamente a tareas de gestión. El Gobierno de La Nación es la cúpula directiva de esos órganos de gestión.

El hecho es que, en el momento que formamos parte de una sociedad, perdemos la capacidad de decidir sobre muchas cosas relacionadas con nuestra vida. Ya no somos nosotros quienes decidimos sobre la línea educativa en las escuelas, ni sobre el precio de los alimentos, ni sobre lo que debe ser legal o no, ni sobre lo que es un sueldo digno, ni sobre las pensiones de viudedad, etc.

Cuando votamos, lo que hacemos es delegar nuestro poder de decisión. Le damos ese poder a “alguien” que luchará por defender nuestra visión del mundo.

Si nosotros creemos que en la escuela debe impartirse una asignatura llamada “La Alimentación y el Deporte”, votaremos a “alguien” que defienda la implantación de dicha asignatura en los órganos de gestión. Es decir, ponemos nuestro “poder de decisión” en manos de “alguien” en quien confiamos y sabemos que luchará por defender nuestras ideas.

Así pues, el voto es en esencia, el “pequeño milagro” que nos permite recuperar por unos instantes el poder de decisión y reconciliarnos con la sociedad.
¿A quién votamos?
Cada 4 años los ciudadanos podemos votar. Pero… ¿A dónde va el voto? … ¿Quién administrará ese poder?

Y hemos llegado a “El Gran Problema”. El voto (el poder delegado) no se lo damos a una persona, se lo damos a un partido político. Cuando vamos a las urnas cogemos un papelito donde hay una larga lista de nombres (personas), pero no podemos votar a uno de ellos, nuestro voto lo administrará el partido político según crea conveniente.

El partido que más votos obtiene utilizará el poder cedido por el ciudadano para dirigir El Estado y para tomar decisiones que afectarán a la totalidad de los ciudadanos. A este sistema democrático se le llama partidocracia (el poder en manos de los partidos políticos).

Si entendemos la democracia como un sistema de organización política en el que el poder reside en el pueblo, la partidocracia no deja de ser una democracia en tanto que es el pueblo quien delega su poder en un partido; pero es el escalón más bajo de la democracia, es la llamada democracia de baja calidad.
¿Por qué nuestra democracia es “de baja calidad”?:
Monopolio de nombramientos
Una de las características de la partidocracia es que el partido monopoliza el nombramiento para cargos de elección popular. Es decir, esa “lista de nombres” que metemos en las urnas cuando vamos a votar, la ha confeccionado el partido político. No estar en la lista significa no tener la posibilidad de ser un futuro diputado (o concejal, o… según el tipo de elecciones).

Aquí nos encontramos con una perversa causa-efecto:
  • Cuando votamos debemos hacerlo al partido político en su totalidad, no se nos permite votar a una de las personas de la lista. Por lo tanto damos al poder directamente al partido (las personas de la lista no tienen fuerza por sí mismas).
  • El partido es quien confecciona la lista, por lo tanto las personas que figuran en la lista quedan “atadas” por una relación de subordinación implícita al partido.
  • Por si fuera poco, las listas se confeccionan con la intervención directa de la cúpula del partido. Es decir, existe una diminuta élite muy poderosa que controla toda la selección.
La triste consecuencia es que los cargos electos (los representantes del pueblo) dejan de responder ante el pueblo e incluso ante las bases de su propio partido, pasan a responder únicamente ante la cúpula del partido. Algunos, a título sarcástico, a esto lo llaman “diputados a sueldo” o “dedocracia” (elección basada en el abuso de la autoridad).

Uno de los ejemplos más recientes (y lamentables) fue en las elecciones municipales del año 2007. Uno de los partidos mayoritarios impuso en Madrid a un candidato en contra de la opinión de sus propias filas locales madrileñas. La cúpula del partido decidió que el candidato debía ser el que ellos nombraron… ¡y punto!

El resultado lo pagarían en las urnas pocos días después.
¿Por qué nuestra democracia es “de baja calidad”?:
La “disciplina de partido”
A la gravedad del punto anterior debemos añadir un nuevo factor: La Disciplina de Partido.

Esta implica que la cúpula del partido decide sobre todas las cosas y el resto obedecen, que poner oposición a las órdenes de la cúpula del partido se considera alta traición (pagándose con el repudio) y que el poder se ejerce de arriba a abajo, desde la cúpula a las bases.

La consecuencia directa de esta nefasta forma de entender la política es:
  • El descontento generalizado de las bases de los partidos, puesto que se les despoja de su derecho a tomar decisiones propias.
  • La falta de iniciativas, puesto que generalmente son automáticamente dilapidadas por la dependencia jerárquica.
  • El estancamiento ideológico, puesto que el partido valora más la obediencia ciega (el llamado “seguidismo”).
La disciplina de partido es especialmente nefasta cuando se trata, por ejemplo, de votar leyes que afectan a la moral de las personas. La votación en las cámaras de leyes relacionadas con el aborto, la religión, la condición sexual, la eutanasia… debería ser libre, algo que desgraciadamente, a pesar de ser pedido una y otra vez, no se concede. Los partidos exigen obediencia absoluta.

Aquí podríamos hacer una reflexión interesante ya propuesta por muchos otros:
"Si los partidos políticos no son capaces de hacer imperar el espíritu democrático en su propio funcionamiento interno… ¿Cómo pretenden gobernar en democracia?
¿Por qué nuestra democracia es “de baja calidad”?:
Los “puestos de confianza” y la "infección política
Finalmente tenemos que enfrentarnos a una práctica habitual de los partidos. Cuando llegan al poder acostumbran a “hacer limpieza” en todos los estratos del sistema, “colocando” en los puestos de dirección de las instituciones a “personas de confianza”. Esto crea una dependencia directa de empleo y sueldo.

La consecuencia es simple: a una orden del partido gobernante todos los resortes del estado “vociferan” la consigna especificada. El poder que ofrece este mecanismo de actuación es inmenso, puesto que se traslada directamente a la sociedad y es capaz de cambiar la propia percepción de la realidad.

Pero hay otra consecuencia todavía peor, y es que la influencia de los organismos oficiales es inmensa en la propia estructura social: medios de comunicación, universidades, centros concertados, subvenciones culturales, ayudas económicas a organizaciones de todo tipo, etc. Es decir, si te alineas con el partido gobernante tienes asegurada “su ayuda”.

Esto puede llegar a provocar una especie de “matrix-sociedad” donde la sociedad vive en un mundo inventado por los políticos y la realidad camina en otra dirección muy distinta. El duro "despertar" llega, generalmente, de la mano de una crisis económica.
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C o n c l u s i ó n
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El sistema actual de gobierno es la llamada partidocracia en su extremo más dañino, el poder está en manos de un pequeño grupo de personas que forman la cúpula del partido.