El poder como fin, el voto ciudadano como “mercancía”
Resumen:
Los partidos políticos se han olvidado del único motivo que justifica su existencia: Servir al Ciudadano. Actualmente lo único que les interesa es obtener "los sillones del poder".
Cuando el poder es un fin en sí mismo, el medio de obtención del poder se transforma en mercancía. El voto ciudadano es, hoy por hoy, mercancía que puede comprarse y venderse.
En una democracia sana, el poder es un medio para servir al ciudadano. En una democracia enferma, el poder es un fin en sí mismo.
Actualmente los partidos políticos tienen como objetivo principal obtener el poder. Habrá quien piense que esto es un extremo muy discutible… bien, pues no, no lo es. ¿Sabe cuál es la práctica política habitual en los ayuntamientos de España?
Práctica habitual:
Los ciudadanos votan
Un partido A obtiene el mayor número de votos y por derecho le corresponde gobernar
Un grupo de partidos (B, C, D) acuerdan sumar sus votos y "tomar el poder"
No importa que una mayoría de los ciudadanos ha elegido con su voto al partido A… los partidos B, C, y D se creen con el derecho de tomar el poder
No importa que los programas de los partidos B, C, y D sean incompatibles, ellos se unen para tomar el poder y luego ya “limarán asperezas”
El ejemplo más reciente es el llamado “Tripartito Catalán”. A pesar de que CiU (Convergència i Unió) obtuvo más votos, los tres partidos de la oposición (PSC-ERC-ICV) se unieron para sumar sus votos y “usurpar el poder”.
Esta situación (que es legal en España) es moralmente inaceptable, daña la esencia de la democracia, es un desprecio al voto de los ciudadanos y demuestra que el poder es un fin para los partidos políticos.
Convertido el poder en un fin, el medio para obtener el poder se convierte en mercancía. El medio para obtener el poder son los votos emitidos por los ciudadanos, por lo tanto, los ciudadanos se convierten en mercancía. Hay que comprar votos, hay que comprar ciudadanos, hay que fabricar votos, hay que “fabricar votantes”, hay que buscar y comprar mercancía barata.
Cuando el fin último de los partidos políticos es obtener el poder y dejan de lado su deber principal (representar al ciudadano), el ciudadano se convierte en mercancía.